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domingo, 31 de julio de 2011

ZZ7 ROJA INÉDITA: ¡LA ACCIÓN NO PARA!




Esta preciosa mujer de piel morena y ojos azules, se llama Brigitte.


Brigitte es simpática y sensual.


A Brigitte le gusta mucho el deporte, en especial la natación.


Posee una prodigiosa inteligencia y es campeona de ajedrez.


¡Brigitte es simplemente una mujer de otra galaxia!

PERO… BRIGITTE TAMBIÉN ES…

¡LA ESPECTACULAR AGENTE BABY!

¡LA ESPÍA MÁS FAMOSA Y PELIGROSA DEL MUNDO!



¡Disfruta ahora de una sensacional colección, con las mejores aventuras de Baby publicadas en Brasil!

¡Así es amigos! Ninguna de las formidables novelas que componen esta colección vio luz en español y ahora por primera vez, nos podemos deleitar con una selección de lo mejor de Brigitte en portugués.

Recuerden que Baby, es el personaje literario más famoso del mundo del bolsilibro y que es una creación de la prodigiosa imaginación del maestro Lou Carrigan.

¿Te atreverías a perder esta inigualable oportunidad?

Si estas interesado en adquirir algún volumen, simplemente pincha en la imagen del que desees.

ZZ7 ROJA INÉDITA, VOLÚMENES DEL 6 AL 11 (Si quieres adquirir del 1 al 5
pincha acá).



ZZ7 ROJA INÉDITA, VOLUMEN 6.


INCLUYE:
-“GALAXIA CORPORATION”
-VIDAS POR NEUTRONES
-PAN DE AZÚCAR (PARTE 1 & 2)


ZZ7 ROJA INÉDITA, VOLUMEN 7.


INCLUYE:
-POR ORDEN DEL PRESIDENTE
-ASESINOS ASESINADOS
-LA REBELIÓN DE LOS ESPÍAS


ZZ7 ROJA INÉDITA, VOLUMEN 8.


INCLUYE:
-LA GUERRA DE LAS ONDAS (PARTE 1 & 2)
-TRATADO DE AMISTAD


ZZ7 ROJA INÉDITA, VOLUMEN 9.


INCLUYE:
-LOS FANÁTICOS
-EL ASESINATO DEL SIGLO
-NOSOTROS, LOS ESPÍAS


ZZ7 ROJA INÉDITA, VOLUMEN 10.


INCLUYE:
-EL EMPERADOR
-DEL CIELO Y LA TIERRA
-CANAL U.R.S.S.A.


ZZ7 ROJA INÉDITA, VOLUMEN 11.


INCLUYE:
-ENIGMA
-TROMPETAS DE MUERTE
-MERCADO DE CEREBROS


Con Lou Carrigan… ¡LA ACCIÓN NUNCA TERMINA!

NOTA: La colección ZZ7 ROJA INÉDITA, contiene altas dosis de violencia y aventuras extremas. No apta para enfermos cardiacos e ideales para los lectores con nervios de acero y adictos a la acción sin límites.

lunes, 25 de julio de 2011

RELATOS DEL DOCTOR BLOOD-3


Estimados amigos de Bolsi & Pulp: acá les traigo otro par de relatos de nuestro amigo el Doctor Blood. ¿No saben quién es el Doctor Blood? Pues para conocerlo pinchen acá.

Les recordamos a los amigos del blog que los relatos de este Doctor, son de terror y suspenso que buscan entretener asustando y sorprender al auditor con finales inesperados.

En esta ocasión les presentamos sus cuentos titulados SILENCIO y NOCHE DE HALLOWEEN, que corresponden a los números 6 y 7 respectivamente, de la colección del siniestro Blood.

Más información del Doctor Blood, viendo su blog pinchando aquí.


SINOPSIS SILENCIO. Relato número 6:

Al despertar, volvemos a la ruidosa realidad del día a día. A veces añoramos tener algo de silencio para estar tranquilos; pero cuidado, que ningún extremo es bueno. Con ustedes, Silencio.




SINOPSIS NOCHE DE HALLOWEEN. Relato número 7:


A veces es bueno combinar cosas. Licores amargos con ácidas o dulces frutas llaman la atención del paladar; oscuros fondos con brillantes motivos estimulan nuestra vista. ¿Qué pasa cuando el terror se mezcla con…? Con ustedes, Noche de Halloween.

martes, 19 de julio de 2011

EL RINCÓN DE LA AVENTURA (parte 1)




Adéntrate junto al valiente Jonas McAfee y el campechano José Luis, en los más asombrosos y fascinantes universos de la literatura PULP... ¡Rudos detectives, damas hermosas, monstruos, héroes, villanos! Un género que alcanzó su máximo esplendor en los años 30 con los más ingeniosos autores y las más divertidas historias. Emoción a raudales.

¡¡Este es el rincón de la aventura!!
En esta primera parte:Robert Ervin Howard, el autor del legendario Conan el barbaro. Les aviso que el video tiene un pequeño error, en la fecha de nacimiento de Howard dice 1917 y debería decir 1906.


¡Disfruten de la primera parte y un abrazo a todos!

Atte: ODISEO...Legendario Guerrero Arcano.

lunes, 11 de julio de 2011

LOS CUENTOS DE RMC – 2: LA JUSTICIA DEL DEMIURGO



Estimados amigos de Bolsi & Pulp, continuamos con la nueva sección de RMC, nuestro amigo y colaborador del Perú que nos ofrece otra nueva historia de Ciencia Ficción.

Pero antes les comentaré una curiosa anécdota: cuando tiempo atrás leí por primera vez el primer cuento titulado ENCUENTRO que publicamos en el blog (si no lo leyeron, pinchen acá para leerlo) le comente a RMC, que el cuento dejaba una sensación como que el final daba pie a imaginarse que habría una continuación.

Me confesó que inicialmente así lo tenía pensado, pero que debido a asuntos de diversa índole, había desechado finalmente la idea. Sinceramente le rogué prácticamente a que realizará una segunda parte, puesto que el cuento me había dejado muy intrigado y quería saber cómo seguía la historia.

Rubén lo encontró divertido y lo tomó también como un reto personal, pues le propuse esto a fines del año pasado y el cuento lo había escrito en el 2001 lo cual significaba que después de casi diez años, realizaría la continuación de la aventura.

¿Y cuál fue el resultado final? Justamente lo que les presentamos ahora, en pocas palabras: LA JUSTICIA DEL DEMIURGO, que es la segunda parte del cuento ENCUENTRO, y que no podrán encontrar en ningún otro lugar de Internet, puesto que se publica ahora de forma exclusiva en Bolsi & Pulp.

¡Disfrútenlo amigos!

Atentamente: Odiseo…Legendario Guerrero Arcano.



LA JUSTICIA DEL DEMIURGO



Nota informativa: Al autor comunica que este contenido es original suyo por lo que queda prohibida la reproducción parcial o total en cualquier medio de este contenido, salvo previo consentimiento del autor.

PREFACIO

La criatura salió a la calle percibiendo, por vez primera, la calidez del sol posándose sobre la piel que había usurpado. Sí, ahora era dueño de una apariencia semejante a la de aquellos vagabundos que le estaban retando con insultos y navajas desenvainadas. Ahora era consciente de poseer un cuerpo que la permitiría apropiarse de una parte del expuesto botín que contenía aquella vieja urbe de adobe y cemento, cuyo nombre todos habían olvidado.
Entonces sintió deseos de alzar la voz para silenciar el desagradable murmullo que producían sus adversarios, y lo hizo de manera rotunda que pareció como si el poder de un dios los hubiera despojado del habla, en efecto, todos callaron súbitamente, pero no desalojaron de su mente el deseo de confrontar a aquel intruso, por el contrario aquella manifestación de autoridad fortaleció su convicción de acabar con él.
De pronto, uno de aquellos vagabundos enmudecidos por la voz sintió vergüenza de su docilidad, reunió suficiente valor para creer que podría salir victorioso del duelo que pretendía entablar, y se abalanzó contra aquel que también pretendía conquistar un lugar bajo el sol. El resto de sus compañeros se contagió de su iniciativa, y todos cargaron al mismo tiempo, impelidos con un coraje intuitivo que solo podía proceder del deseo de eliminar la amenaza que representaba el desconocido para su supervivencia.
La criatura aguardó impávidamente la embestida de sus agresores y contempló como se aproximaba aquella hilera de navajas, relucientes como centellas, en medio de la nube de polvo que ocultaba a los atacantes. Había comprendido que presentaba una ocasión para demostrar que era capaz de sobrevivir bajo las condiciones de este mundo hostil, y su cuerpo reclamo la reserva de energía que había asimilado hacia poco para superar este trance. Entonces la criatura juntó sus manos hasta que sus dedos se entrelazaron para formar un puño descomunal que empezó a palpitar mientras pensaba en la identidad del objeto que deseaba invocar. Cuando su mente enfocó con exactitud la apariencia del arma que necesitaba, extendió el puño frente a sus ojos, y esperó unos segundos. Algo semejante a una sustancia ardiente y luminosa, empezó a brotar en aquel puño. Pronto aquello empezó a adquirir el aspecto de una sutil columna de luz que se fue difuminando hasta perder su apariencia ígnea, y solidificándose convirtiéndose en la réplica exacta de una cimitarra.
Mientras tanto la navaja del vagabundo que encabezaba la carga se aproximaba todavía más, y pareció caer en picada sobre su pecho buscando ahogar el latido de su corazón, sin embargo la rapidez de su reflejo interpuso la cimitarra en el momento preciso, y desvió la embestida de la navaja que escapo de la mano de su dueño y se precipito a tierra como una cosa inocua. En ese instante el temor del vagabundo desarmado se hizo evidente , ya no le cabía duda de que se enfrentaba a un ser capaz de realizar obras inconcebibles para su estrecha mente de hombre cotidiano, y la fuerza de su miedo fue tan intensa que lo mantuvo quieto en el sitio que ocupaba, pese a que otra parte de su mente le pedía a gritos salir corriendo para salvar su vida, pero la criatura no le dio tiempo para dudar más, y la cimitarra apareció ante él como algo nefasto que cortó su vientre desnudo de un solo tajo. La visión de la sangre saliendo de la herida le sacó de su absurda quietud, y cayó de rodillas sobre aquella tierra enrojecida con su propia sangre. En esa posición el vagabundo parecía estar suplicando por su vida mientras la criatura contemplaba a su reciente victima con infinita arrogancia, y no decidía que hacer con aquel hombre humillado pues su mente era como una ruleta que había empezado a girar velozmente.
Mientras tanto su rostro permaneció inexpresivo esperando la idea que le daría una intención a sus actos, de pronto sus ojos relucían como pequeñas estrellas, y su faz cobro la vida. Ya sabía qué hacer y sonrió mostrando una dentadura irregular y amarillenta. Entonces la cimitarra volvió a la acción y se abatió cual un ave de cetrería sobre el cuello del infeliz que permanecía hincado con las manos asidas el estomago en un vano intento por contener la hemorragia. Y la cabeza del vagabundo se desprendió del cuello y dio algunas vueltas en el aire antes de caer sobre el suelo como un vulgar despojo. Copiosos borbotones de sangre empezaron a manar de las arterias cercenadas tiñendo de rojo el área que rodeaba el cadáver decapitado.
La terrible visión de aquel cuerpo mutilado bastó para contener el ímpetu bélico de los compañeros del caído, la palidez del miedo se imprimió sobre sus rostros y todos se dieron la media vuelta alejándose de aquella poderosa espada sangrante que permanecía desafiante, defendiendo el derecho de su dueño a dominar el terreno que estaba pisando.


PRIMERA PARTE


La nueva llego a oídos de los urbícolas demasiado tarde para que pudieran salvarse, aquellos que tuvieron la desdicha de toparse con los homúnculos: una horda salvaje y hambrienta que se aproximaba, a marchas forzadas, a la ciudad que era su refugio. Sí, realmente eran muchos y venían atraídos por un vago rumor que hablaba de la aparición de un hombre extraordinario entre aquellos miserables sobrevivientes del diluvio. Los homúnculos querían comprobar la existencia de aquel supuesto héroe y asesinarlo para repartir su carne entre los que tuvieran la fortuna de vencerlo.
Y llegó el día en el que la vanguardia de los homúnculos divisó el vetusto perfil del edificio que parecía custodiar la entrada Este de aquella ciudad extinta. Una estruendosa ovación celebró el avistamiento y provocó la huida de una bandada de buitres que se estaban dando un festín con los desperdicios que se habían acumulado en las orillas del camino real. Los urbícolas que buscaban alimento en aquel sector advirtieron el peligro y corrieron hacia las bocas de los túneles que daban acceso al interior del edificio, precariamente protegido por una vieja muralla disimulada entre la vegetación.
Aquella horda ofreció un aspecto repugnante y feroz, se trataba de individuos semidesnudos, apenas cubiertos con breves taparrabos, y premunidos de una gama de armas blancas y arrojadizas, que complementaban los afilados colmillos que ocultaban sus bocas ansiosas de probar carne humana. Los homúnculos apresuraron su marcha y se abrieron paso a machetazos para deshacer la tupida maleza que se extendía como un tejido viviente alrededor de la vieja muralla que protegía el edificio en el cual se habían refugiado los urbícolas. En cuanto tuvieron una vía despejada para poder maniobrar dieron aviso a quienes venían en la retaguardia para que entraran en acción. En seguida un objeto largo y puntiagudo, y cuya forma se asemejaba al de un ariete hizo su aparición, sin embargo aquella cosa avanzaba torpemente a través del terreno, y fue necesario azotar duramente a los cautivos encargados de moverlo, para que adquiriera el necesario impulso para batir aquella muralla. El ariete cargo una y otra vez contra la muralla golpeándola en diversos puntos hasta crear varias brechas que serian aprovechadas para invadir el predio.
Entonces los homúnculos penetraron en tropel en la pequeña explanada que extendía frente a la entrada principal, emitiendo un ruido molesto e insoportable que pretendía suscitar una oleada de pánico entre los urbícolas refugiados dentro del edificio, en ese instante aquellos seres se sintieron presos de un miedo inaudito que pareció nacer de sus propias entrañas, y empezaron a correr a través de los pasadizos interiores como si buscaran alejarse de un ruido tenaz y ubicuo que los perseguía a donde fueran. Hubo quienes no pudieron soportar aquel drama que se estaba viviendo dentro del edificio y rompieron las ventanas para aventurarse a buscar su salvación en el exterior, corriendo el riesgo de caer en manos de los caníbales.
Y la gente continuo saliendo en tropel a través de la ventana de aquel edificio tugurizado que ya no era seguro, sin embargo aquellos hombres desorientados, medio enloquecidos por el ruido no eran capaces de pensar, y simplemente se esparcieron por todos los confines de la explanada como una bandada de palomas asustadas. El ruido había dañado uno de sus hemisferios cerebrales pues no parecían tener conciencia de andar por un territorio peligroso, y pronto los machetes de los homúnculos empezaron a diezmar a aquel rebaño de infelices.
Desde el segundo piso, y protegido detrás de uno de los tantos ventanales que daban hacia la explanada donde se desarrollaba el drama se encontraba la criatura, bajo el aspecto de un hombre muy alto, de piel atezada por efecto del tórrido sol veraniego. Estaba vestido con un sucinto taparrabos, y portaba en bandolera la vaina de una espada árabe. Aquel hombre se había cansado de presenciar como aquellos homúnculos descuartizaban a sus víctimas, y hacían acopio de aquella carne recién cortada como provisiones para un viaje largo, mientras arrojaban las cabezas de sus víctimas alrededor de la fuente que adornaba el centro de la explanada. Y sirviendo de fondo a esta horrible escena, resonaba aquel ruido insidioso y sutil, que proveía de nuevas víctimas a la hecatombe. En ese instante la criatura sintió el vehemente deseo de intervenir para detener aquel carnaval de sangre, a continuación se irguió y extendió sus brazos alrededor de su cuerpo formando una especie de aspa, y empezó a girar sobre sí mismo mientras pronunciaba unas palabras cabalísticas que le permitirían trasvasar la energía del entorno hacia su propio cuerpo, entonces una esfera de luz radiante se materializó sobre su cabeza y derramó un raudal de energía que impregnó su cuerpo, a partir de este momento la criatura se sintió completamente vigorizada como si hubiera sido dotada de una parte del poder que poseían alguno de los tantos demiurgos que deambulaban por el vasto universo.
Luego su cuerpo embistió contra los cristales de la ventana haciéndola trizas, y se lanzo al vacio como si también hubiera enloquecido, pero su cuerpo no impacto en el suelo, por el contrario, y ante el asombro de sus enemigos potenciales consiguió frenar la caída extendiendo brazos y piernas como lo haría un Quirantropo (1). Mientras tanto los depredadores intentaron impedir que la osadía de aquella criatura torciera el curso de los acontecimientos, y le arrojaron decenas de jabalinas que se fueron despedazando ante la solida pantalla de psicoenergia que protegía el cuerpo de la criatura. Asombrados por esta circunstancia los homúnculos dejaron de lado sus intenciones agresivas al constatar que sus armas eran incapaces de vulnerar aquella coraza energética, solo cabía esperar que el agotamiento físico que exigía aquellas proezas terminaran minando la resistencia de aquel formidable escudo. Si esa ocasión se presentaba, habría que aprovecharla.
Y entonces la criatura toco tierra como si fuera un ángel vengador enviado por un dios ignoto, y la barrera energética hizo menos opaca a la figura que envolvía, luego oscilo brevemente antes de desaparecer. La criatura desenvaino su cimitarra, se puso en guardia y avanzo repartiendo mandobles y estocadas contra los oponentes que tenía a su alcance. La hoja de su espada desgarraba los pechos de sus enemigos dibujando flores de sangre sobre el aire. Pronto su camino quedó regado de hombres moribundos que gemían maldiciendo la desgracia de haber enfrentado a un espadachín tan diestro, sin embargo el esfuerzo cobró su tributo y su concentración empezó a menguar, y su piel mostró algunos rasguños a los que no dio importancia, pues las cosas todavía se presentaban favorables para él. Había eliminado a un buen número de los guerreros que custodiaban a las victimas reservadas para el descuartizamiento, permitiendo su huida, y ahora arremetía contra los capataces encargados de azotar a los cautivos que manejaban los arietes.
La situación se tornaba crítica para los incursores. El consejo de ancianos había decidido realizar este raid para atraer la atención de este presunto héroe y eliminarlo, Y ahora resultaba que era mucho más fuerte de lo que suponían, pues su ímpetu le había permitido abrirse paso hasta la retaguardia. Si conseguía quebrar la última línea defensiva llegaría a las tiendas donde se cobijaban los ancianos. Así ante semejante amenaza, ellos decidieron invocar todos los poderes del cielo.


SEGUNDA PARTE

Entonces la puerta de la tienda más grande se abrió y cuatro hombrecillos entrados en años, pero sumamente obesos, salieron al exterior. Iban tocados con viejas mitras doradas que se combinaban adecuadamente con las túnicas raídas que cubrían sus cuerpos informes y rollizos.
Si la criatura hubiera podido verlos le hubieran parecido tres gordas cucarachas huyendo de su escondrijo, pero en realidad no pretendían huir, simplemente se disponían a realizar una tarea sencilla, pero dramática enviar un mensaje al cielo. El fragor de la batalla continuaba y ellos tenían que moverse con rapidez, y se distribuyeron sobre el terreno hasta formar la figura de una cruz, cuyos extremos ocuparon, luego cada uno de ellos alzo un tubo largo y delgado, cuya forma recordaba la silueta de un cañón antiaéreo y lo apunto contra el sector del cielo que le correspondía según su ubicación. De inmediato el espacio se lleno de luces rutilantes que se encendían y se apagaban como tenues estrellas. Cuando esto ocurría los anciano volvían a lanzar otra andanada de proyectiles para alimentar aquel flujo de luz que pretendía atraer la atención de algún vagabundo de los cielos.
Y en efecto algo ocurrió pues todos empezaron a oír cada vez más cerca un sonido potente y extraordinario que nadie hubiera identificado como el zumbido de las hélices de un aeroplano. La batalla se detuvo y todos pusieron su atención en el cielo, vista desde abajo el fuselaje de aquella aeronave plateada se asemejaba al de una especie de inexistente cetáceo volante, empotrado entre dos planos rectangulares de idéntica envergadura, cuyas semialas externas lucían ligeramente aflechadas, encima del plano inferior, cerca de la unión de aquel plano con el fuselaje, se hallaban las góndolas motrices que producían aquel ruido atronador.
El gran biplano sobrevoló lentamente el campo de batalla, y pareció alejarse pero invirtió el rumbo y volvió a pasar como si estuviera buscando a alguien. Sentado en una cabina abierta, ubicada en el morro, se veía como un hombre rapado, de tez blanca y expresión adusta escaneaba aquella superficie cubierta de seres diminutos ocupados en una lucha intrascendente, a continuación aquel individuo empezó a agitar sus manos a una velocidad vertiginosa como si estuviera realizando un ejercicio de prestidigitación, y las extendió hacia el vacio. Sus manos permanecieron quietas un instante, y todos vieron como una sustancia oscura como el mucilago empezó a manar de sus dedos hacia el ambiente, mientras el biplano ganaba altura y parecía alejarse
Y aquella sustancia se fragmento y empezó a caer del cielo como una lluvia suave e inocua que roció los cuerpos de los capataces que se disponían a enfrentar a la criatura cuando el biplano irrumpió en el cielo. Al cabo de unos segundos, algo había cambiado en su interior pues se sentían diferentes, osados y llenos de una energía primitiva e irracional que los impulsaba a combatir con vesania y brutalidad. Ahora que se sabían poseedores de un poder del que carecía el resto de sus congéneres, aunque sus rostros permanecían completamente inexpresivos como si nada hubiera pasado.
Y el más bestial de todos ellos, un individuo moreno de edad madura y aspecto desaliñado soltó el látigo que usaba para castigar a los obreros indóciles y avanzo resueltamente para enfrentarse a la criatura. Ambos se contemplaron largamente como si midieran el valor que necesitaban para entrar en pugna. De pronto la criatura decidió tomar la iniciativa e intento aniquilar a su rival asestándole unos mandobles que el capataz eludió hábilmente.
La criatura empezó a sentir como la semilla del miedo germinaba en su interior y presintió que esta vez no saldría bien librado, entonces volvió la mirada y vio como el rostro de su antagonista enrojecía mientras sus ojos parecían dilatarse extraordinariamente. Su instinto percibió el peligro y blandió su cimitarra para protegerse del contraataque. Y este vino asumiendo la forma de cuatro vectores tenues y ondulantes que parecieron brotar de la espalda del capataz, y se proyectaron a través del aire cual brazos elásticos y fantasmales que empezaron a acosar a la criatura. La cimitarra se multiplicaba e iba de aquí para allá tratando de parar aquel alud de golpes, sin embargo su esfuerzo resulto infructuoso, aquellos brazos eran demasiado agiles, demasiado flexibles para su espada. Intento convocar nuevamente la protección del campo de fuerza individual pero no funciono. La lucha le había agotado demasiado para hacerlo.
Súbitamente la criatura se vio atrapada por una fuerza irresistible que le produjo una intensa sensación de miedo como si temiera la ejecución de una sentencia largamente diferida. Entonces aquellos tentáculos invisibles firmemente enroscada sobre cada una de sus extremidades empezaron a tirar de él y la criatura contempló con espanto como su brazos y piernas se desprendían violentamente de su cuerpo en medio de una explosión de sangre mientras su torso se desplomó pesadamente sobre aquel suelo sembrado de cadáveres. La criatura gritó como jamás pensó gritar, estaba desmembrado y ya no era capaz de luchar contra nadie, sería una presa fácil para aquellos homúnculos que se estaban aproximando para arrancarle el corazón. Ahora se sentía lacerado por el palpitante dolor que emanaba de sus muñones e invadía lo que quedaba de su cuerpo, era como un insecto mutilado aguardando ser aplastado por la bota de su triturador, y así dar fin a su pesadilla.
Los vítores de triunfo se escuchaban cada vez cerca de él, y las grotescas sombras de aquellos seres le rodeaban ya, mientras uno de ellos pretendía alzarlo, sin embargo un ruido atronador y persistente que inundó el ambiente, capturó la atención de aquellos seres.
Provenía del firmamento, y no era posible sustraerse a su influencia.
El gran biplano había vuelto aparecer de nuevo, y su enorme sombra sobrevoló la explanada cual un ave siniestra, desprendiendo una serie de artefactos, parecidos a vainas metálicas que produjeron un sonido pululante mientras caían. Y aquellas cosas explotaron cuando tocaron el suelo esparciendo una densa columna de humo que el viento agrupo hasta formar una vasta nube amarilla que envolvió a todos en una lúgubre oscuridad. En ese instante la criatura advirtió que los homúnculos empezaban a ser presa de violentas convulsiones que agitaban sus cuerpos como si fueran orates azotados por la crisis, mientras su piel enrojecía de a pocos, y produciendo llagas indescriptibles. No se escuchaba ningún alarido, tan solo una serie de jadeos entrecortados que fueron cesando conforme de aquellos cuerpos desfigurados empezaban a derrumbarse victimas del gas.
El instinto de supervivencia de la criatura tomo las riendas y su mente activo con premura de aquel cuerpo antes poderoso, una vacilante esfera de luz empezó a formarse en torno al indefenso torso de la criatura, su corazón latía con violencia dentro de su pecho pues no estaba seguro de que aquella idea funcionase tal como estaban las circunstancias. Era el primero en reconocer que se hallaba demasiado débil y que necesitaba alguna especie de milagro que actuara a su favor.
Y el milagro produjo.
Antes de que su conciencia se eclipsara, sintió como una fuerza solo comparable a aquella que lo había desmembrado se aferraba a él para elevarlo velozmente hacia el vientre del biplano que estaba atravesando el cielo.

EPÍLOGO

Después de varios minutos de inconsciencia la criatura abrió los ojos y advirtió que se hallaba dentro de una capsula ovoide carente de escotillas pero cubierta de pantallas apagadas que lo rodeaban de todas partes.
De pronto aquellas pantallas de encendieron y el interior de la capsula se ilumino como una claridad semejante a la del plenilunio, y algo empezó a surgir de entre aquel mosaico de pixeles parpadeante, era el semblante de un hombre maduro de tez pálida, completamente calvo y de expresión adusta que había clavado su torva mirada en él como si deseara ablandar su posible resistencia, entonces la criatura advirtió como aquellos poderosos vectores, cuya fuerza conocía surgían repentinamente de aquella imagen y se abalanzaron sobre él.
Los vectores atravesaron con horripilante facilidad los tejidos y órganos internos de la criatura hasta llegar al sitio donde se alojaba el corazón, entonces aquellos tentáculos se enroscaron en torno al musculo palpitante y tiraron bruscamente hasta arrancarlo de su lugar. Justo en ese momento la escasa energía que sustentaba lo que quedaba de su cuerpo dejo de fluir, y la criatura expiro, aparentemente.
Pero el demiurgo sabia que la esencia vital de su criatura permanecía encerrada dentro del corazón que había arrancado y apeló a su poder psicocinetico para reducirlo a jirones, entonces una esfera blanquecina surgió de entre aquellos fragmentos desmenuzados y se elevó como un pequeño globo buscando escapar del acceso del demiurgo, sin embargo no había lugar adonde ir el interior del biplano era un mundo cerrado, sin aberturas visibles pero tal vez si conseguía penetrar en la cabina e invadía el cuerpo de uno de los pilotos, tendría una oportunidad de escapar arrojándose en paracaídas, sin embargo no tuvo tiempo de hacer lo planeado, pues uno de los vectores de demiurgo consiguió aferrar su pequeño cuerpo globular, justo en el tiempo que tardo en pensar lo que haría para salir del trance en el que se hallaba.
Estaba atrapado, preso de una fuerza capaz de reducirlo a simples átomos, o de volverlo a instalar en un cuerpo semejante al que había abandonado, y lo peor de todo era que ignoraba lo que el demiurgo haría con el. Echó un vistazo hacia la pantalla y vio la imagen de un hombre inexpresivo ocupado en la tares de vigilarlo, mientras manipulaba una serie de teclas. En seguida una estructura rectangular brotó lentamente del suelo convocado por aquella combinación de guarismos, en medio de aquella estructura revestida de lustrosas placas oscuras se podía ver una especie de agujero que parecía lleno de una sustancia densa y viscosa.
El demiurgo emergió de la pantalla y se materializo junto a la extraña estructura, luego sin pensarlo demasiado arrojo la esencia vital de su criatura dentro de aquel agujero
Y la esfera se hundió en medio de aquella oscuridad liquida, su caída era lenta, pero inexorable, su destino incierto porque ignoraba adonde podía conducirle aquel viaje a través de aquel puente dimensional. No sabía si hallaría el alivio en medio de la quietud pero esa podría ser la bendición después de la agonía del dolor. Siguió hundiéndose y distinguió algunas formas breves y rutilantes empezaron a aparecer debajo de él, se trataba de pequeñas plataformas metálicas que parecían deslizarse como peces en medio de un mar muerto. Entonces sintiose bruscamente atraído hacia una de ellas, suavemente se poso sobre aquella superficie metálica y percibió que ya no era un cuerpo extraño colocado sobre una cosa desconocida. En ese momento supo que la plataforma podía transferirlo a otra parte del cosmos donde tal vez aquel demiurgo no tuviera poder alguno. Estaba confiado de iniciar aquel viaje entre dimensiones, y no temió lo que le pasaría cuando su ser empezó a expandirse hasta abarcar todo el espacio, percibió el leve atisbo de otro planeta aproximándose.

(1). Quirantropo: es un neologismo, inventado por Kelltom McIntire, sacado de un bolsilibro de dicho autor y que alude a una criatura hibrida, fruto del cruce entre genes humanos y genes de murciélago.

Título: LA JUSTICIA DEL DEMIURGO
Género: Cuento de ciencia ficción
Año de creación: 2011
Autor: Rubén Mesías Cornejo (RMC)


Desde Chiclayo, en el norte del Perú, para Bolsi & Pulp; Rubén Mesías Cornejo (RMC).

miércoles, 6 de julio de 2011

LOU CARRIGAN: EL SABOR DEL MEJOR WESTERN


NOTA: Al final del artículo hay unas palabras del maestro LOU CARRIGAN.

POR ANTONIO QUINTANA CARRANDI


El género más popular de la literatura bolsilibresca fue el western, seguido muy de cerca por la llamada “novela rosa”. Durante la época de esplendor de los bolsilibros, que abarcó desde los años cuarenta hasta mediados de los ochenta del siglo pasado, se publicaron en España millares de novelas de esta temática. La novela “de vaqueros” representó durante mucho tiempo un negocio seguro para los editores, y en consecuencia, proliferaron las editoriales centradas preferentemente en el pujante mercado de la “novela de a duro”. Se trataba de novelas de consumo, literatura “barata” según algunos indocumentados, pensada para leer y tirar. El editor Francisco Bruguera las definía como “novelas de autobús o de Metro”, ya que era habitual ver a los usuarios de estos medios de transporte entretenerse durante los tediosos trayectos leyendo un bolsilibro. Nuestros mayores aún recuerdan, con un puntito de nostalgia, aquellos tiempos en que era normal ver a casi todo el mundo con su novela encima; de aventuras y acción los hombres, de romances imposibles ellas.

Editadas en papel de baja calidad y toscamente encuadernadas, aquellas modestas novelas gozaron de una difusión extraordinaria, que todavía hoy sorprende a los estudiosos. Eran, como he dicho, novelitas pensadas para leer y tirar, pero el caso fue que nadie las tiraba. Hasta hace poco proliferaban en España los llamados “cambios de novelas”, librerías y tiendas de todo tipo en las que, por una módica cantidad, se podían cambiar los bolsilibros ya leídos por otros. Este tipo de actividad comercial contribuyó notablemente a la expansión de la novela popular, convirtiéndola en un fenómeno cultural de masas que en su día fue vilmente despreciado por los intelectuales, que llegaron a calificar estas obras de “embrutecedoras”, lo que dice mucho sobre la verdadera capacidad “intelectual” y el sentido común de aquellos caballeros. Los bolsilibros no fueron embrutecedores, ni mucho menos; ni siquiera los del Oeste, que junto con los “rosa” serían los más denostados por esa intelectualidad sectaria y corta de miras. Según la opinión de esos gurus de la Cultura elitista, esa clase de novelas “no ayudaron a mejorar el nivel cultural de los españoles”, lo cual no deja de ser una falacia, pues fomentaron el hábito de leer entre las masas obreras, lo que ya de por sí es un logro considerable. Por otra parte, la llamada “literatura seria”, al menos la que se escribía en España en aquellas calendas, tampoco ayudó a cambiar las cosas en ese aspecto, pues fue una literatura “de clase”, para las elites, sin ninguna vocación de llegar a los lectores de cultura media. Contempladas las cosas con la perspectiva que ofrece el paso del tiempo, lo que ha quedado claro es que los escritores de bolsilibros definían mejor las aspiraciones y los gustos de los españoles que otros autores más respetados, como Marsé, Umbral o el mismísimo Cela, por ejemplo.
Aclarado esto, es necesario reconocer que la mayor parte de los bolsilibros publicados en España adolecían de una lamentable falta de calidad. A mi juicio, esto pudo deberse tanto al estajanovista ritmo de trabajo al que estaban sometidos los autores, como al hecho de que muchos de ellos escribieran sólo para comer, por lo que trabajaban sin más motivación que acabar la obra cuanto antes para cobrarla. Pero también abundaron los que amaban su profesión y procuraban ofrecer al lector buenos textos, en la medida en que lo permitían los estrechos márgenes de maniobra entre los que se veían obligados a desarrollar su labor de creación literaria. Y entre éstos últimos destacaron media docena de autores que, contra viento y marea, dignificaron la novela popular, logrando ofrecer al público un puñado de obras muy estimables.

En el género western, que es el que nos ocupa, el Rey indiscutible fue José Mallorquí, considerado aún hoy el más grande entre los grandes autores de novela de aventuras en lengua española. Muchos fueron los que trataron de seguir su estela, pero sólo otro novelista ha sido capaz de alcanzar la misma categoría profesional que Mallorquí como autor de novelas del Oeste: el Maestro barcelonés Lou Carrigan.
Nuestro admirado escritor, y buen amigo, Antonio Vera Ramírez, Lou Carrigan, publicó su primera novela en 1959. Se trataba de un western titulado UN HOMBRE BUSCA A OTRO HOMBRE, primero de una vasta producción de relatos del Oeste que harían de Lou uno de los más afamados autores del género. Por aquel entonces, los quioscos estaban saturados de novelas de esta temática, siendo sus autores más representativos el ya citado Mallorquí y el muy famoso, aunque bastante ramplón, Marcial Lafuente Estefanía. Ambos escritores representaban la cara y la cruz, lo mejor y lo peor, del bolsilibro del Oeste. Había docenas, tal vez cientos de autores dedicados al género, y debía de ser muy difícil destacar entre aquella legión de “forzados de la pluma”. Carrigan lo consiguió en un tiempo récord, despuntando como uno de los mejores narradores de aventuras vaqueras y policiales.
Los bolsilibros en general, y los del Oeste en particular, se ajustaban a unos moldes poco flexibles. Concebidos como un producto industrial, los esquemas, situaciones, diálogos y desenlaces que presentaban se repetían hasta la saciedad. Las editoras exigían que las novelas respondiesen plenamente a las expectativas de unos lectores con un bagaje cultural medio o bajo, y por lo tanto no demasiado exigentes. Dicho de otro modo: se esperaba que los argumentos fueran predecibles y poco o nada originales. Carrigan y otros, entre los que cabe citar a Clark Carrados, Fidel Prado, Silver Kane, Frank Caudett y Donald Curtis, se vieron obligados a respetar estas premisas; pero todos ellos soslayaron como pudieron las limitaciones editoriales, ofreciendo a sus lectores novelas de una calidad muy superior a la media habitual en la industria bolsilibresca. Cada uno de ellos contó con legiones de seguidores en todo el mundo de habla española, pero el nivel más alto lo alcanzó Lou.
La clave del éxito de Carrigan —hablo como lector adicto, no como experto, cosa que no soy— residió no tanto en las historias que contaba, sino en cómo las contaba. Las novelas de Lou son relatos clásicos del Oeste, respetuosos con los tópicos y las convenciones del género. Pero cuando uno lee una de ellas, se da cuenta enseguida de que a Carrigan le venían pequeños el formato y la extensión del bolsilibro. Con un estilo claro, directo, caracterizado por su inmediatez, los western de Carrigan seducían al lector desde la primera página. No importaba cuán manido pudiera parecer el argumento; Lou, haciendo gala de una habilidad sorprendente, siempre conseguía darle una cierta pátina de originalidad incluso al cliché más gastado. La fuerza de sus historias emanaba tanto de la cuidadosa elaboración de sus tramas argumentales como de sus personajes, creados con mimo por un autor que no sólo es un buen conocedor del género humano y sus debilidades, sino que también está dotado de una aguda intuición psicológica. Unos personajes bien dibujados, que actúen como personas de carne y hueso y no como estereotipados héroes de papel, pueden convertir un bolsilibro del montón en una buena novela. Carrigan demostró esto cientos de veces. Los hombres y mujeres que describe en sus obras se nos antojan casi personas reales. Esta impresión se acentúa gracias a los fabulosos diálogos que construye Lou, verdaderas piezas de ingeniería literaria que realzan aún más la sensación de realismo que desprende cualquier novela suya. Construir un diálogo es una de las tareas más difíciles para un narrador, y Carrigan es un Maestro en esto, como en muchas otras cosas. Muchos autores de bolsilibros —omito, por respeto, sus seudónimos— estropeaban sus obras salpicándolas de auténticos “diálogos para besugos”, utilizándolos torpemente para hacer avanzar la acción. Lou, por el contrario, sabe que un buen diálogo basta para definir los caracteres de los personajes, sin necesidad de otros elementos adicionales, y que debe ser natural, progresivo, significativo, dinámico y ágil. En consecuencia, emplea el diálogo con profusión pero en su justa medida. Y la verdad es que hay pocos novelistas capaces de construir diálogos tan memorables como el Maestro barcelonés.

Otro personalísimo rasgo del estilo narrativo carriganiano es su modo de afrontar las escenas de acción, que en el Western, dadas las características del género, tienen una importancia capital. He leído muchos buenos bolsilibros del Oeste que al final me decepcionaron, debido a la forma un tanto burda en que sus autores resolvían los tiroteos. El muy sobrevalorado Estefanía atajaba el asunto con frases simplonas y ridículas, que en realidad no describían nada; cosas como ésta: “Johnny disparó desde las fundas”. Cualquiera que conozca un poco la historia del Oeste americano y entienda algo de armas, sabe que eso de “disparar desde las fundas” es una estupidez. Normalmente, la pistolera iba sujeta al muslo por una correílla, para que se mantuviese firme y resultará más fácil extraer el arma en caso de necesidad. Para disparar sin desenfundar, como sugería Estefanía, aparte de soltar dicha correílla habría que poner horizontal el conjunto revólver-pistolera, algo nada fácil de conseguir, dada la configuración de los cintos. Pero es que además, aunque lograra hacerlo, el vaquero tendría que abrir fuego en una posición muy forzada y harto incómoda, con lo cual los tiros quedarían muy cortos; más aún, resultaría imposible apuntar, y es dudoso que consiguiera alcanzar en un punto vital a su oponente, por muy cerca que estuviese de éste. Tal vez conseguiría herirlo levemente; pero el otro podría desenfundar su propio revólver y abatirlo con relativa facilidad. En los anales del Oeste americano no existe crónica, anécdota o leyenda en la que se mencione eso de “disparar desde las fundas”, por lo que debemos colegir que se trata, simplemente, de un pobre recurso literario ideado por Estefanía u otros para simplificar la resolución de las escenas de acción de sus obras.
Otros autores lograron describir, con bastante acierto, buenas secuencias de acción; pero nadie lo ha hecho mejor que Carrigan. Ni siquiera Mallorquí, a quien en este punto Lou supera con creces. La extraordinaria pericia narrativa de Carrigan alcanza su cénit en esos tiroteos descritos con pulso cinematográfico, capaces de crear en la mente del lector la ilusión de que se encuentra en una oscura sala de cine, asistiendo a la proyección de un Western de buena factura. La habilidad de Lou para presentar la acción física alcanzaría sus más altas cotas de perfección en sus obras policiales y de espionaje, especialmente en las protagonizadas por la sin par Baby, salpicadas de impresionantes tiroteos y espectaculares luchas cuerpo a cuerpo.
El Western, como género épico, se nutre de las leyendas forjadas durante la expansión colonizadora por las tierras del Oeste de los EE UU durante el siglo XIX. La más apreciada por Lou es la de los Rangers de Texas (Rurales los llama él), esforzados agentes de la ley que devinieron, tanto por sus propios méritos como por obra y gracia de la literatura de aventuras primero, y del cine después, en arquetípicos héroes del más genuino Fart West. Creados en 1823, como una milicia para proteger a los colonos de Texas de los ataques de los comanches, alcanzaron pronto una reputación casi mítica. Tomaron parte en la guerra contra Méjico, y tras declararse Texas República independiente, fueron la columna vertebral de sus fuerzas del orden. Lucharon de nuevo contra los mejicanos durante el conflicto de 1846-1849, y continuaron ejerciendo funciones de policía cuando Texas fue admitida como nuevo Estado de la Unión. Durante la Guerra de Secesión se disolvió el cuerpo, pues todos sus miembros se alistaron en los regimientos de caballería organizados a toda prisa en el Estado de la Estrella Solitaria. Finalizada la contienda, Texas fue ocupada por el ejército yanky, que se encargó de las funciones policiales. Hubo una “policía del Estado” creada por el gobernador F. J. Davis en 1870, formada por agentes negros bajo el mando de oficiales blancos, que muy pronto fue tachada de corrupta y acusada de estar al servicio de los intereses nordistas. Por otra parte, los policías negros, analfabetos la mayoría de ellos y difíciles de controlar, fueron acusados de numerosas tropelías, lo que redundó en un aumento de la inquina tejana hacia ellos. Tan pronto como el ejército de la Unión se retiró de Texas, las autoridades procedieron a reorganizar a los Rangers, que a partir de 1874 llevaron la ley y el orden hasta el último rincón del Estado, alcanzando una fama sólo comparable a la de la Real Policía Montada del Noroeste, o Policía Montada del Canadá. Los rangers llevaron a cabo hazañas que todavía hoy son recordadas con admiración, y algunos de ellos (Bass Outlaw o John Armstrong, por ejemplo) gozan de la misma fama que Wild Bill Hickok, Búfalo Bill o Wyatt Earp. El cuerpo sigue existiendo hoy día, integrado en el Departamento de Seguridad Pública de Texas, y sus miembros, pocos pero muy escogidos, continúan llevando con hombría, que diría Carrigan, su inconfundible insignia: una estrella de cinco puntas dentro de un círculo, con la inscripción Texas Rangers.
Nuestro Lou hizo suya la mítica de los rangers, convirtiéndolos en protagonistas de muchas de sus novelas, que figuran entre mis favoritas. Títulos como CUARTEL DE RURALES, LLEGA UN RURAL, LA FIERA ACORRALADA o SIEMPRE GANAN LOS RURALES, por citar sólo unas pocas, son buenos ejemplos de la atención que el Maestro barcelonés prestó a tan abnegados paladines de la justicia. De hecho, la mayor parte de los westerns de Lou o bien se desarrollan en Texas, o bien están protagonizados por tejanos, lo cual tal vez sea muy significativo. ¿Tiene nuestro apreciado novelista alguna querencia especial por el Estado de la Estrella Solitaria? Así parece ser, a juzgar por el elevado número de sus obras ambientadas en aquellas tierras. Una de ellas, EL VALLE QUE QUEDÓ EN EL OLVIDO, publicada en 1972 con el nº 479 de la colección Rurales de Texas, de Rollán, recibió los elogios del asesor literario de la editorial, quien en su informe a sus superiores la calificó de extraordinaria, recomendando que se informase de ello al autor y se le felicitara por tan lograda novela.
Con la llegada de la democracia a España, y la consiguiente abolición de la censura, Carrigan pudo ampliar los registros de sus novelas, añadiendo a sus relatos un cada vez más acusado tono erótico, aunque sin llegar nunca a los excesos cuasi pornográficos en los que cayeron varios de sus colegas. La novedosa permisividad erótica indujo a muchos autores de bolsilibros a describir escenas “fuertes”, la mayoría de las veces sin que vinieran a cuento, sólo para satisfacer el morbo de ciertos lectores con poco seso y así vender más. La lista de escritores que se sumaron a esta, por fortuna, pasajera moda sería interminable. De hecho, dejé de leer a muchos de ellos precisamente por esta razón, pues llegaron a publicarse bolsilibros cuyo argumento parecía haber sido concebido sólo para insertar casi en cada capítulo una de esas escenas de “alto voltaje”, por definirlas de alguna manera. Hubo, no obstante, novelistas que supieron adaptarse a la nueva situación. Carrigan fue uno de ellos, y aunque empezó a incluir en sus textos abundantes referencias al sexo, amén de algunas escenas muy sugestivas, nunca perdió el norte en este sentido. Los pasajes eróticos que pueden rastrearse en sus obras, sobre todo en las escritas a partir de 1977, están perfectamente integrados en las tramas argumentales de las mismas, complementándolas sin anularlas, como por desgracia sucedía en las obras de otros escritores.

Algunas novelas de Lou, entre ellas varias del Oeste, fueron llevadas al cine entre las décadas de los sesenta y setenta, con resultados muy aceptables, considerando el nivel de la cinematografía española de la época. La moda del Spaguetti Western animó a unos cuantos productores, que se arriesgaron a producir películas basadas en bolsilibros del Oeste de los autores más conocidos. Mallorquí fue adaptado al menos en tres ocasiones, en dos filmes basados en el personaje de “El Coyote” y uno en la saga de los “Dos hombres buenos”. Clark Carrados colaboró en el guión de EL SECRETO DEL CAPITÁN O´HARA, basado en su obra EL CAPITÁN FRACASOS. Sin embargo, y admitiendo que los datos que manejo sean correctos, Carrigan fue el autor más adaptado, con seis largometrajes basados en otras tantas novelas suyas, uno de Guerra, uno de gángsteres, y cuatro del Oeste. VEINTE PASOS PARA LA MUERTE, LA DILIGENCIA DE LOS CONDENADOS, LOS BUÍTRES CAVARÁN TU FOSA y UN COLT POR CUATRO CIRIOS fueron westerns sencillos pero eficaces, que en su momento funcionaron bastante bien en taquilla, demostrando que Lou no sólo era un novelista excepcional, sino que también se desenvolvía admirablemente como guionista.
Los bolsilibros, que a todos los efectos parecían haber desaparecido para siempre, están conociendo un nuevo auge gracias a las nuevas tecnologías. La red no sólo facilita el contacto entre los aficionados a la literatura bolsilibresca; ofrece, también, una plataforma única para reivindicar a unos autores que ejercieron su profesión con dignidad y dedicación, y que para muchos de nosotros son auténticas leyendas de la literatura de aventuras. Entre ellos destacará siempre, muy por encima del resto de sus colegas, Antonio Vera Ramírez, Lou Carrigan. El novelista que revitalizó el bolsilibro del Oeste, dotándolo de un interés y una espectacularidad nunca vistos desde los tiempos de Mallorquí.

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NOTA DE LOU CARRIGAN:

No es la primera vez que Antonio escribe sobre mi trabajo, y lo hace en unos términos que me abruman por su entusiasmo. Todo lo que dice es una pura lisonja, y sería absurdo negar la satisfacción que me causa su opinión…, sobre todo porque sé que es una opinión sincera, honesta y entendida. Lo que no podemos dudar de ninguna manera es que sus escritos están muy bien trabajados tanto en lo literario como en lo documental. No en vano es un colaborador habitual de BOLSI&PULP (el blog más importante de América Latina en literatura popular), al cual podéis acceder por medio de mi enlace Leofumopio y Odiseo. Aquí, en Bolsi, mi también querido amigo Odiseo, director del blog, trabaja incansablemente no sólo como expertísimo en literatura popular, sino como comentarista de los hechos más actuales y notorios que acaecen en las Américas… Como suele decirse, Dios los cría y ellos se juntan. Y yo les doy las gracias a los dos…
LOU CARRIGAN.