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domingo, 30 de junio de 2013

PERMISO PARA MATAR

 
 
 
SINOPSIS


Clarence Hadaway, inspector especial del FBI, recibe la visita de un hombrecillo que se presenta como Millard Watts. La intención del sujeto es, sencillamente, chantajear al “G-man”. Watts pretende “venderle” a Hadaway diecisiete vidas humanas, las de cinco agentes federales y sus familias. Si Hadaway no acepta el trato, esos “G-men” y sus esposas e hijos serán asesinados inmediatamente. Para salvar esas vidas,  Clarence Hadaway sólo debe hacer una cosa: matar a Jake Chabers, un espía enemigo que el FBI tiene detenido en su Delegación de Miami, Florida. A fin de que el “G-man” esté bajo vigilancia en todo momento, le acompañará Lissa Dalles, una hermosa integrante del grupo de Watts. En vista de la situación, Hadaway no tiene otro remedio que seguirles la corriente a Watts y sus cómplices, aunque, eso sí, tratando de ganar tiempo para intentar desbaratar sus siniestros planes y salvar las vidas de los cinco “G-men” y sus familiares.
 

 
 COMENTARIO


El personaje de Clarence Hadaway es una de las grandes creaciones del MaestroCarrigan. Este abnegado agente del FBI protagonizó un buen puñado de novelas, llegando a coincidir en alguna aventura con la sin par Brigitte “Baby” Monfort, la mortífera agente de la CIA a la que le une una buena amistad. Hadaway es el prototipo del héroe masculino “carriganiano” por excelencia, un hombre de una pieza, un tipo duro de los de antes a quien, no sé por qué, siempre me  imagino con el porte y las facciones de ese gran actor norteamericano que fue Dana Andrews. 
 
En PERMISO PARA MATAR Hadaway debe hacer frente a una situación tancompleja como desesperada, y ha de hacerlo solo, pues al hallarse bajo la atenta vigilancia de Lissa Dalles no puede ni soñar con poner a sus compañeros al tanto del asunto. Así las cosas, nuestro héroe tendrá que ingeniárselas para urdir,  sobre la marcha,  un desesperado plan de acción que le ofrezca alguna posibilidad, por remota que sea, de frustrar los planes de Watts y su gente.
 
Este título es, posiblemente, uno de los mejores protagonizados por Clarence Hadaway, un relato absorbente, que  mantiene el suspense hasta la última página y que, como casi todos los del Maestro barcelonés, contiene unos espectaculares y hábilmente descritos pasajes de acción. Como creo haber comentado ya en otras ocasiones, la narrativa de Carrigan se caracteriza por un estilo descriptivo casi cinematográfico, gracias al cual sus obras se leen de un tirón, pues, como en el caso de la novela que nos ocupa, los acontecimientos se suceden tan vertiginosamente que resulta imposible abandonar la lectura.
 
El ejemplar que poseo, en bastante buen estado de conservación por cierto, fuepublicado por Bruguera en octubre de 1975 en su estupenda colección “La Huella”, siendo el nº 51 de la misma.  El  precio de venta al público era de 18 pesetas. Pero se trataba de una reedición, ya que PERMISO PARA MATAR  se editó por primera vez en diciembre de 1966 en Editorial Rollán, apareciendo como el nº 29 de la también popularísima serie “Agente Federal”. En cuanto al precio de esta primera edición, fue de 10 pesetas, dos hermosos “duros” de la época.
 
La edición de Bruguera me parece mucho más atractiva, ya que “La Huella” contó con un original,  elegante y llamativo diseño de cubierta. La portada que dibujó Fabá para este volumen está mucho más lograda que la empleada en su día por Rollán, aunque la ilustración de contracubierta de “Agente Federal” era fantástica. Como curiosidad, cabe mencionar que, como se aprecia en una de las imágenes que acompañan esta reseña, Rollán tenía la costumbre de añadir en sus bolsilibros un supuesto “título original en inglés”, con la “sana” intención de convencer al lector de que sus publicaciones eran traducciones al castellano de las obras de “prestigiosos” autores extranjeros, presumiblemente estadounidenses. Penosa estratagema ésta que no impidió a los lectores adivinar que, bajo aquellos nombres de tan marcada resonancia anglosajona,  se ocultaban un puñado de notables escritores españoles.
 
PERMISO PARA MATAR es otra de las pequeñas grandes obras policiales del mejor especialista en el género en lengua española, el inimitable e insuperable Lou Carrigan, Antonio Vera Ramírez. Si tenéis ocasión de leerla, no la dejéis pasar. Vale la pena.

 

martes, 25 de junio de 2013

RECICLAJE BOLSILIBRESCO PARTE VEINTITRÉS

 
En esta ocasión revisaremos una cubierta del ilustrador Salvador Fabá.

En lo que a bolsilibros se refiere, la portada fue utilizada en novelas de terror, concretamente para la legendaria colección Selección Terror. Primero en los años setenta para una novela del gran Curtis Garland (fallecido recientemente) y posteriormente en los años noventa, en un libro del maestro Lou Carrigan.

TÍTULO: EL NEGRO LIBRO DEL HORROR
AUTOR: CURTIS GARLAND
COLECCIÓN: SELECCIÓN TERROR  (Nº 125)
EDITORIAL: BRUGUERA
EDICIÓN: 1975

TÍTULO: SOLLOZOS
AUTOR: LOU CARRRIGAN
COLECCIÓN: SELECCIÓN TERROR  (Nº 47)
EDITORIAL: EDICIONES B
EDICIÓN: 1993
 
 
Ahora bien, el trabajo del señor Salvador Fabá no sólo fue utilizado en bolsilibros, sino que también inspiró a otros dibujantes para usar la ilustración en portadas de revistas. De ello tengo tres ejemplos que acá les dejo:
 
DOSSIER NEGRO

VAMPUS
 
LA GANGRENA VERDE


¿Qué tal les pareció este reciclaje amigos?

¡Un abrazo a todos y saludos Bolsilibrescos!

Atte: ODISEO... Legendario Guerrero Arcano.

jueves, 20 de junio de 2013

MERCADERES DEL ESPACIO

 
 
 
 
 
MERCADERES DEL ESPACIO es una muestra más de cómo la ciencia-ficción puede, hasta cierto punto, predecir el futuro. A mediados de los años cincuenta del pasado siglo, estos dos autores imaginaron un mundo en el que las grandes empresas comerciales ostentan el poder más absoluto que imaginarse pueda; en el que el sistema económico ha fagocitado al sistema político, y en el que los Señores del Comercio controlan las vidas de todos y cada uno de los habitantes del planeta. La Tierra está regida por una especie de supracapitalismo carente de cualquier escrúpulo legal o moral, para el que sólo cuenta el beneficio puro y duro. Las identidades nacionales ya no tienen razón de ser, pues lo que cuenta es la lealtad a la empresa para la que se trabaja. Es ésta una sociedad globalizada, en la que impera el consumismo más desaforado, convenientemente promovido por las poderosas multinacionales, y en el que se rinde culto al dios Ventas y a la diosa Publicidad. Mittchell Courtenay, el protagonista de esta historia, es uno de los miembros de las clases privilegiadas de este mundo de pesadilla. Importante ejecutivo de uno de los truts más importantes, la sociedad Fowler/Schocken, es un hombre feliz, plenamente integrado en la comunidad. Disfruta de su trabajo, está convencido de que vive en el mejor de los mundos posibles y cree sinceramente que todos los habitantes de la Tierra llevan vidas tan plenas y satisfactorias como la suya, aunque eso sí, cada uno de acuerdo con su nivel social. Es un publicista nato, capaz de venderle cubitos de hielo a un esquimal. Jamás se ha cuestionado la moralidad de lo que hace, ni alberga dudas sobre la justicia del sistema social del que forma parte. Pero todo eso cambia bruscamente cuando tiene que hacerse cargo de uno de los proyectos más ambiciosos de la compañía en la que presta sus servicios: la promoción de la colonización del planeta Venus, con vistas a la explotación comercial no sólo de sus recursos, sino también de los colonos que decidan establecerse allí. Courtenay se sumerge de lleno en dicho proyecto, sin sospechar que muy pronto, y no por voluntad propia, tendrá oportunidad de saber cómo vive la mayoría de los habitantes de la Tierra, los que no forman parte de la exclusiva elite dirigente, los que se ven obligados a trabajar y consumir sin descanso para mantener en marcha una civilización hiperconsumista, deshumanizada y amoral. Mittchell conocerá esta realidad, y entrará en contacto con los disidentes, los enemigos del Sistema, los odiados consistas, cuya causa acabará abrazando.
 
Aún hoy asombra la capacidad predictiva de los autores de esta novela, que en 1954 describieron un futuro en el que los dogmas del neoliberalismo, del capitalismo más salvaje, han sido impuestos al conjunto de la humanidad, dando origen a una sociedad consagrada exclusivamente al comercio y al consumo, entendidos éstos casi como una religión. Las multinacionales, auténticos gobiernos en la sombra durante mucho tiempo, son en esta obra más que poderosas, omnímodas. Los gobiernos nacionales de antaño continúan existiendo, aunque sólo como apéndices secundarios de las grandes corporaciones, que son las que de verdad manejan el cotarro. El planeta ha sido dividido en Unidades Comerciales, a fin de aprovechar más eficientemente sus recursos que, dicho sea de paso, son cada vez más escasos a causa de la sobreexplotación a la que han sido sometidos sin tregua durante décadas. En esta Tierra superpoblada coexisten la ostentación y el lujo con la miseria y la degeneración; la técnica más avanzada, con la más apremiante carencia de materias primas. Se viaja en fabulosas naves cohete, e incluso existen colonias lunares; pero los combustibles fósiles están casi totalmente agotados, y los automóviles han dejado de ser tales, para convertirse en coches de pedales. Los niveles de contaminación son tan altos, que en las ciudades no se puede salir a la calle sin filtros para el hollín en suspensión que emponzoña el aire. La deforestación ha alcanzado cotas inimaginables, hasta el punto de que las joyas, incluidos los anillos de compromiso, se fabrican de madera; tal es la escasez de esta materia, que la ha vuelto más valiosa que el oro o la plata. La gente tiene a su alcance una extensísima gama de productos manufacturados, completamente innecesarios; pero su alimentación se basa en proteínas regeneradas y un extenso abanico de compuestos artificiales. A un neoyorkino, como el protagonista, le sale más barato un fin de semana en Miami Beach que cenar un auténtico bistec de ternera.
 
Pero lo más terrible es la espantosa degradación de la humanidad provocada por este totalitarismo capitalista. La sociedad está rígidamente estratificada en niveles o castas, siendo la más numerosa de ellas la de los consumidores, que representa al noventa por ciento de la humanidad, miserablemente explotada por las empresas de todo el orbe, y cuya única razón de existir es, como su propio nombre indica, la de consumir más y más a fin de que el sistema siga funcionando.
 
Debo reconocer que, cuando leí esta novela por primera vez, hace más de treinta años, no me gustó. Por aquel entonces aun no conocía las obras capitales del género, ya que sólo había leído un buen montón de bolsilibros y algunas obras dispersas de Asimov. MERCADERES DEL ESPACIO me pareció un desvarío absoluto, un relato demencial, sin pies ni cabeza. Evidentemente, como aficionado a la ciencia-ficción era todavía un diamante en bruto. Pero cuando la releí, algunos años más tarde, mi formación como persona y aficionado al género había avanzado bastante, y pude captar, en toda su crudeza, la extraordinaria calidad del argumento y la certera advertencia que el relato encierra: si la humanidad no toma medidas al respecto, este pavoroso futuro podría hacerse realidad.
 
Sin embargo, transcurrido medio siglo desde su publicación, puede afirmarse que el futuro descrito en MERCADERES DEL ESPACIO es, al menos en ciertos aspectos, nuestro presente. En nuestros días, la publicidad y el consumismo más irresponsables lo invaden todo. Las grandes corporaciones comerciales extienden sus tentáculos hasta el último rincón del planeta, abarcando todos los ámbitos de las actividades humanas. La estratificación de la sociedad aun no es como en la novela, pero existen indicios claros de que avanza en la misma dirección. La publicidad, uno de los pilares básicos del Sistema en la novela de Pohl y Kornbluth, está adquiriendo en nuestro tiempo idéntica importancia, con todo lo que eso significa. La progresiva, constante y cada vez más intensa presión publicitaria que acosa al hombre de hoy así lo indica. La caja tonta, el gran instrumento idiotizador de nuestra era, la gran lavadora de cerebros, es la plataforma perfecta para la ofensiva publicitaria. Preocupante es el acoso publicitario que sufren niños y jóvenes, para los que parecen ideados el ochenta por ciento de los productos que salen al mercado. De nada han servido las campañas contra la saturación de anuncios en las televisiones, especialmente en los programas infantiles y juveniles. Las cadenas se saltan a la torera todas las normativas al respecto, sin que las autoridades competentes se dignen actuar, lo cual resulta, hasta cierto punto, lógico. Después de todo, incluso en esta Europa socialdemócrata se rinde pleitesía al mercado. Los críos de hoy son los consumidores del mañana, y hay que adoctrinarlos convenientemente, para que, ya adultos, continúen aumentando los beneficios de las mafias mercantilistas.
 
Mas hay otras señales de que nuestra sociedad actual evoluciona, lenta pero perceptiblemente, hacia parámetros similares a los presentados por Kornbluth y Pohl. También en nuestra realidad cotidiana conviven la miseria con la alta tecnología; los grandes avances científicos, con la progresiva escasez de los recursos más vitales. Tenemos a nuestro alcance toda clase de artilugios electrónicos, diseñados para facilitarnos el trabajo o el entretenimiento; pero las cosas realmente esenciales, como una vivienda digna, alimentos sanos y naturales o una atención sanitaria de calidad resultan cada día menos asequibles para el común de los mortales. Esto se evidencia, sobre todo, en los países que conforman el llamado Tercer Mundo, donde los televisores en color, los ordenadores, acondicionadores de aire y otros cachivaches por el estilo conviven con la falta de agua corriente en las viviendas, la penuria alimentaria y la inexistencia de servicios sanitarios mínimos. En el mundo de Mittchell Courtenay absolutamente todos los servicios han sido privatizados, incluso la Policía, cuyas funciones ejercen empresas de Seguridad que no son más que truts de mercenarios que contratan sus servicios al mejor postor. Algo así como la siniestra Blackwater que opera en Irak. Estos policías no protegen más que a quien les paga, particulares o empresas, y huelga decir que los pobres consumidores no pueden costearse ese tipo de protección. Hoy, hasta los gobiernos más socialistas abogan por la privatización de los servicios públicos. Una prueba más de hacia dónde avanza esta sociedad nuestra.
 
Pohl y Kornbluth esbozan en su novela un futuro de lo más aterrador. Pero incluso en un mundo así brilla una tenue luz de esperanza, concretada en el movimiento consista. Los consistas, miembros de la ACM (Asociación Conservacionista Mundial) son los ecologistas del mundo de Mittchell Courtenay. Las únicas personas sensatas en esa inmoral sociedad de consumo que camina hacia su propia destrucción. Enemigos declarados del Orden establecido, son perseguidos con saña por todo el planeta, por lo que han tenido que adoptar métodos de organización y actuación similares a los empleados por los grupos de la Resistencia durante la II Guerra Mundial. Saben que la explotación desmedida de los recursos naturales es la culpable de la miseria y la pobreza que se extiende por la Tierra, y que ese expolio irracional de las riquezas del mundo llevará aparejado el fin de la humanidad. Los consistas no aspiran sólo a destruir el Sistema, si no también a concienciar a la gente acerca de la necesidad de tomar medidas drásticas para asegurar la supervivencia de la vida sobre la Tierra. Medidas que deben concretarse en la limitación del crecimiento de la población, la puesta en marcha de programas de reforestación y recuperación de los suelos, y la descentralización de los núcleos urbanos. Y sobre todo, en acabar de una vez con la producción de artefactos de consumo, inútiles y por tanto innecesarios, para los que no existe demanda natural y en cuya fabricación se malgastan ingentes cantidades de valiosísimas materias primas.
 
Los consistas de nuestro presente son los miembros de los grupos y asociaciones ecologistas, igualmente despreciados por los poderes instituidos, que luchan contra las empresas, gobiernos y particulares que atentan contra el medio ambiente sólo para satisfacer sus infinitas ansias de riqueza. También en este aspecto la novela de Kornbluth y Pohl ha resultado premonitoria. Las presiones, cuando no persecuciones en toda regla, a las que se ven sometidos estos movimientos por parte de multinacionales y gobiernos indignos, ha impulsado a algunos ecologistas a radicalizar sus posturas, dando lugar a lo que se ha dado en llamar ecoterrorismo, y que tanto se asemeja a la línea de actuación de los consistas de MERCADERES DEL ESPACIO.
 
Desde 1954 y hasta nuestros días, la civilización occidental no ha hecho otra cosa más que aproximarse al modelo de sociedad descrito por estos dos genios de la literatura de ciencia-ficción. Hasta el más insignificante aspecto de la vida humana acabará por mercantilizarse. Gobiernos y empresas nos ven no como individuos dotados de libre albedrío, si no como simples consumidores. Una línea en un gráfico; una cifra en una estadística de ventas. Hasta los programas de los partidos políticos en tiempo de elecciones se venden como un producto más, surgido de una cadena de montaje. Los gurus del marketing continúan diseñando estrategias, para convencernos de que el camino de la felicidad pasa por los grandes almacenes y los centros comerciales. Estamos cada vez más aborregados, y seguimos comulgando con las ruedas de molino que nos administran los Señores del Comercio y sus adláteres de los gobiernos. Gozamos del nivel de riqueza material más alto de nuestra historia, pero nuestra calidad de vida se degrada a marchas forzadas. Bosques, selvas y océanos son esquilmados sin misericordia para seguir alimentando industrias obsoletas, cuando no completamente innecesarias. La población aumenta sin freno, las ciudades crecen más de lo razonable y se urbanizan sin control amplias zonas naturales, muchas de ellas vitales para el sostenimiento del equilibrio ecológico. La contaminación se dispara y las reservas de agua potable disminuyen. Pero nos preocupa más ganar el suficiente dinero para comprarnos el último Home Cinema salido al mercado, que los vertidos tóxicos en un río o laguna; adquirir el último CD de Joaquín Sabina, que la desaparición diaria de una superficie de selva tropical equivalente a cinco campos de fútbol; poder salir de vacaciones en Semana Santa, que la destrucción de los más bellos parajes costeros, arruinados por un urbanismo tan insensato como criminal; cambiar de coche cada dos años, que la densa capa de gases tóxicos que nos envuelve, y que acabará por envenenarnos a todos.
 
El apocalíptico futuro soñado por Korbluth y Pohl ya casi está aquí. La estratificación de la sociedad en Productores, Ejecutivos y Consumidores ya ha comenzado. Las grandes corporaciones, los truts, cada día tienen más peso y ejercen una influencia mayor sobre los gobiernos. Nos encaminamos hacia la globalización; o sea, hasta el totalitarismo mercantilista. Estos dos escritores preconizaron, hace cincuenta y cinco años, el derrotero que podría tomar la humanidad si las tesis del capitalismo más reaccionario prevalecían, acabando por imponerse al sentido común y la razón. Al igual que FARENHEIT 451, del maestro Bradbury, MERCADERES DEL ESPACIO es mucho más que una novela de ciencia-ficción. Todo el mundo debería leer esta obra, especialmente los más jóvenes. Así, tal vez, recapacitaríamos un poco, y nos cuestionaríamos, si acaso durante unos minutos, los principios en los que se asienta esta desquiciada sociedad nuestra.
 


Título original: The Space Merchants
Autores: Frederik Pohl y C. M. Kornbluth
Año de publicación: 1954
Editorial: Minotauro
Traducción: Luis Doménech
Edición: 1988

viernes, 14 de junio de 2013

CHARLA DE LITERATURA POPULAR


 
 

Dando vueltas por Internet descubrí este interesante video, se trata de una charla realizada en El Garito de La Central de Callao (calle Postigo de San Martín 8, Madrid, España) el 15 de marzo de 2013, por Óscar Alarcia y Juanfer García, miembros de The Bolsilibro Appreciation Society. En la misma hablan sobre toda la vida de la literatura popular en quiosco, es decir, nuestros amados bolsilibros.
Si bien es cierto, tanto la grabación como el audio son bastante malos, me parece que es un video muy interesante y lo quiero compartir con todos ustedes.
 
Atte: ODISEO… Legendario Guerrero Arcano.


INTRODUCCIÓN:
 
De la novela popular se ha dicho:
"El pulp fiction no lo inventó Tarantino". Un enterado en internet.
 
"Cuando el consumismo, con el monstruo televisivo como mascota, hizo su aparición, la novela popular se engrandeció aún más, porque la sociedad urbana industrial recién creada necesitaba apremiantemente distraer el tiempo vacío". Salvador Vázquez de Parga.
 
"Incluso un libro largo lleva como mucho tres años de trabajo, entre pensarlos y redactarlo. No: un escritor que sólo realiza un libro cada siete años se está tocando el nardo". Stephen King.
 
 "Algunos grandes autores, como Dan Brown por ejemplo, pese a su éxito, son medianías, nada del otro mundo". Curtis Garland.
 
"Tenían el mismo oficio. Entregar trescientos, cuatrocientos folios al mes. Y una misión que no conocían, y que de sospecharlo la hubieran ejecutado llenos de espanto: poner punto final a la edad de oro de la novela popular". Javier Pérez Andújar.
 
 "Titanes encadenados que liberaban su imaginación para liberarnos a nosotros de la rígida y plúmbea cotidianidad de un país entre paréntesis y entre corchetes". Moncho Alpuente.
 
"En tiempos recientes se da entre quienes teorizan sobre literatura algo así como una nueva ofensiva contra las obras de ficción pura". Fernando Sabater.
 
 "Los estadistas y estudiosos de la literatura, que como casi todo el arte ya no es mayoritariamente burguesa, clasifican de subliteratura a los productos que llaman "de género", precisamente lo más leído y extenso". Luis Conde.
 
"El género más maltratado en España ha sido siempre el de evasión". Hernán Migoya.
 
"Habría que estudiar en serio y a fondo la literatura de kiosko, que descubre profundos secretos de las almas". Javier Marías.
 
"Estos libros empiezan ya a coger un sabor especial; no en vano en muchas librerías de segunda mano los preservan con plásticos y su precio ha subido, pues apenas nadie se ha dedicado a conservarlos". Pere Guixá.
 
"¿La calidad? Bueno, un nivel muy alto no se puede pedir, con esas normas y entregando una a la semana, pero algunas me parecen, dados los parámetros, sorprendentemente buenas". Silver Kane.
 
 "Sin darme cuenta, en cada novela le rendía homenaje a la mujer de mi vida. Ella fue mi musa". Curtis Garland.
 
 
La literatura popular, y especialmente la literatura breve, barata y de pequeño formato (los bolsilibros o novelas de a duro), que ocupó los anaqueles de todos los kioscos de España durante varias décadas (durante toda la segunda mitad del siglo XX, prácticamente), está experimentando lo que se puede considerar como una segunda juventud: una "Edad de Silicio". Y son muchos, entre ellos nosotros, quienes están recuperando la aficción por leer, coleccionar, inventariar e incluso seguir intercambiando bolsilibros en tiendas de barrio.
 
Disfrutar, en definitiva, del bolsilibro casi con tanta pasión como lo hacían los lectores de toda clase social y condición durante su período de existencia natural, mucho antes de la llegada de los best-sellers de gasolinera, de los culebrones venezolanos y del resto del McEntretenimiento escrito o televisado. La proliferación de foros y tiendas online, así como la depauperación del precio del libro usado, ha echado a la calle (y a los desvanes de los abuelos) a un buen puñado de urgentes y voraces aficionados, en busca del trabajo de aquellos autores que, en ocasiones trabajando bajo cláusulas abusivas, y exhortados a utilizar seudónimos anglófilos, llegaban a entregar hasta cinco y seis novelas mensuales, que eran disfrutadas por cientos de miles de españoles.
 
Eran novelas que surcaban las plazas alojadas en los bolsillos de las chaquetas o de los jeans, que se leían en salas de espera, en los tranvías o a escondidas en el sillón de casa, y que suscitaron encendidos debates acerca de su calidad, y de su pertenencia o no a la Cultura con mayúsculas que defendían los intelectuales. Pero era una literatura (más o menos elegante, más o menos erudita, más o menos unidimensional, pero muy, muy voluminosa) que forma una parte importantísima de nuestra historia escrita, y que ha de ser reivindicada. Autores como el Coronel Ignotus, Marcial Lafuente Estefanía, Corín Tellado, J. Mallorquí, Curtis Garland, Clark Carrados, Ralph Barby, Lou Carrigan, Frank Caudett, Joseph Berna, Peter Kapra, Burton Hare, A. Thorkent, George H. White, Law Space, P. Danger, Lucky Marty, etc., españoles todos ellos, escribieron una página muy importante en nuestra historia, y su esfuerzo nunca fue recompensado.
 

viernes, 7 de junio de 2013

EL CAPITÁN MALAPATA

 
 
 
 
 
 ¿Existen los gafes? Clark Carrados parecía creer que sí, porque en EL CAPITÁN MALAPATA, novela de guerra publicada en 1962 en la colección Relatos de Guerra, de Ediciones Toray, nos presenta a Steve Bertino, un oficial del US Army que está considerado en todas las Fuerzas Armadas estadounidenses como un auténtico cenizo, la personificación de la mala suerte.
 
Bertino es un hombre inteligente y capaz, que se graduó en West Point con unas notas más que aceptables. Pero la fama de gafe le persigue ya desde la Academia, en la que, a decir de sus compañeros de promoción, dejó una larga estela de desastres de todo tipo. El pobre Steve acaba por asumir que está tocado por la mala suerte, y que por donde pasa, hace estragos. Con el paso de los años, la cosa no hace más que empeorar. A lo largo de los primeros capítulos de la novela, Carrados va desgranando los méritos que hacen a Bertino merecedor del apodo de Capitán Malapata, y el lector, a pesar de las carcajadas que le provocan algunos de los accidentes provocados por la pésima suerte de este oficial, no puede por menos de pensar que, efectivamente, el pobre Steve es el campeón de los cenizos, el Rey de los Gafes. Naturalmente, como todo cenizo que se precie, el pobre Steve gafa a los demás, mientras él sale indemne de todos los desastres. Con el estallido de la guerra, las cosas parecieron ir a peor, su fama se acrecentó y, a pesar de ser un buen oficial, acabó languideciendo en un puesto burocrático.
 
Un día, su superior inmediato le encomienda una misión. Debe llevar un maletín repleto de documentos al Cuartel General Aliado de Australia. Viajará a bordo del Jenny Celtic, un transporte que forma parte de un convoy que se dirige hacia el continente austral. Bertino se dispone a cumplir su misión lo mejor que pueda, aunque algo le dice que su innata mala suerte lo complicará todo. Y así parece ser, al menos al principio. A punto de embarcar en el transporte, nuestro héroe conoce a Tessa King, una joven licenciada en Medicina que va a prestar sus servicios profesionales a un hospital militar australiano. Galante caballero a pesar de todo, Steve se ofrece a subir al barco el equipaje de la muchacha… y desastre al canto. Las delicadas prendas íntimas de la muchacha terminan esparcidas por el muelle, provocando la rechifla entre marineros y soldados. Pero no acaban ahí las cosas. El capitán del Jenny Celtic también conoce la fama de Bertino y está convencido de que su barco será torpedeado por algún submarino japonés.
 
Y parece que el capitán del barco tiene razón, porque llegar Bertino a bordo y empezar a torcerse las cosas es todo uno. Tras diversos accidentes y averías, el carguero queda rezagado, perdiendo el contacto con el convoy, aunque el comandante del mismo les deja un destructor como escolta, ya que el Jenny Celtic transporta gran cantidad de armas y municiones de todo tipo. Y entonces, tal y como había temido el capitán del mercante, aparece un submarino nipón, que hunde al destructor con toda su tripulación. Después, el sumergible emerge para atacar al cañón al Jenny Celtic. El combate, aunque desigual, se salda con la relativa victoria aliada, ya que los artilleros que sirven la pieza defensiva del carguero logran mandar al fondo del océano al enemigo. Pero el carguero resulta alcanzado por varios proyectiles, el capitán y sus oficiales de puente mueren, cunde el pánico ante el más que posible naufragio y todos abandonan el buque en los botes salvavidas.
 
Bueno, no todos. Quedan Bertino, Tessa y nada menos que un centenar de soldados novatos que quedaron atrapados en una bodega. Bertino asume el mando de esa tropa y lo dispone todo para el caso de que el buque, seriamente dañado, acabe hundiéndose. Por fortuna, cuentan con una lancha motora y abundante madera para construir balsas. Pero el carguero no se hunde, y las corrientes le empujan hasta una pequeña isla, en cuyas proximidades embarranca.
 
Casi al mismo tiempo, aparecen en el cielo unos aviones japoneses. Convenientemente ocultos a la vista de los nipones, los americanos observan las evoluciones de los aparatos, que parecen estar reconociendo la isla en busca de fuerzas enemigas. Uno de los aviones sobrevuela el carguero, pero al verlo tan dañado, el piloto cree que no hay nadie a bordo y se desentiende del mismo.
 
La situación es grave y así lo entiende Malapata, que toma una importante decisión. Los nipones se disponen a tomar la isla, y nuestro héroe sabe que su misión, como oficial del US Army, es tratar de impedírselo. Las bodegas del carguero están rebosantes de armas y municiones, cuenta con un centenar de soldados, novatos pero bien entrenados, y con un médico. De modo que, tan pronto como los aviones se alejan, Steve pone a sus hombres al trabajo. Un rápido reconocimiento del terreno les anima mucho. La isla, de unos tres kilómetros de largo por cuatrocientos metros de anchura media, está casi totalmente circundada por una barrera de arrecifes de coral, una formidable protección natural que impide que cualquier embarcación pueda acercarse a su costa. Casi toda la orilla de la isla es un puro acantilado, y el único punto por el que podrían acceder a la misma las unidades niponas es la playa en la que han desembarcado Bertino y sus hombres. Esta playa es sólo una faja de arena de no más de trescientos metros de anchura, que forma un semicírculo muy amplio entre dos promontorios rocosos. Con cien hombres y la ingente cantidad de armamento y munición que posee, Steve cree poder defender la isla con posibilidades de éxito. Malapata, que ha nombrado cabos y sargentos entre los soldados a su juicio más capacitados, imparte órdenes con el talante de un estratega genial, y muy pronto quedan establecidas las líneas defensivas americanas y un pequeño hospital de campaña. Además, como el barco está repleto de explosivos que no pueden llevarse, lo convierten en una gigantesca trampa para los japoneses que, a buen seguro, acudirán a inspeccionarlo. Ahora sólo hay que esperar a los hijos del Sol Naciente.
 
Las fuerzas enemigas se presentan poco después, compuestas por varias unidades navales. Mientras un destacamento se dirige al Jenny Celtic, los lanchones de desembarco enfilan hacia la playa. El Jenny Celtic hace explosión, sembrando el caos, la muerte y la destrucción entre los nipones, provocando incluso el naufragio de un transporte de tropas que se había acercado demasiado al carguero. El primer intento de desembarco enemigo ha sido frustrado, pero Bertino sabe que lo peor está por llegar, y lo único que puede hacer es confiar en que sus hombres luchen con coraje, rezar y esperar que la mala suerte que arrastra consigo se cebe esta vez en los malditos hijos de Hiro-Hito. Lo peor es que no disponen de un mal aparato de radio, así que no pueden comunicarse con las fuerzas propias para informar de su situación y pedir ayuda. Pero Bertino, el Capitán Malapata, confía en que logren rechazar las embestidas niponas, y también en que, a pesar de todo, las fuerzas amigas acaben por aparecer.
 
EL CAPITÁN MALAPATA es una de las novelas más divertidas de Luis García Lecha, un relato trepidante que combina magistralmente acción y humor. La primera parte de la novela se centra en el protagonista y su desgraciada fama de gafe, dando al lector la impresión de que nos hallamos ante un relato básicamente humorístico. Pero a partir de la arribada de nuestros protagonistas a la isla desierta, se convierte en una espectacular novela bélica, repleta de sangrientos combates descritos por el autor con su maestría habitual.
 
Carlos Quintana Francia me comentó en cierta ocasión que para él, el género en el que mejor se desenvolvía Lecha era el bélico. En los últimos meses he leído muchas novelas de guerra de nuestro apreciado novelista riojano, y no me queda más remedio que darle la razón al amigo Carlos. En efecto, Lecha tenía un talento especial para narrar aventuras bélicas. Quizás se debiera al hecho de que fue militar profesional durante varios años. De lo que no cabe duda es de que esta novela que reseño hoy es una de las mejores que escribió.
 
EL CAPITÁN MALAPATA no figuraba en mi biblioteca de bolsilibros, y tampoco lograba encontrarla en librerías de viejo, ni siquiera a través de Internet. Por suerte para mí, Carlos Quintana Francia tuvo la amabilidad de fotocopiar el ejemplar que posee, enviándomelo por correo normal. Aprovecho para agradecerte desde aquí tu gentileza, amigo. Espero que pronto puedas disfrutar con la lectura de mi ensayo sobre el humor en las novelas de Lecha.